20.) ¿Es experimental el juicio investigador?

Una cantidad de personas recientemente me ha preguntado: “¿Es experimental el juicio investigador? De ser así, ¿puede demostrar que esto es de la Biblia y del Espíritu de Profecía? ¿Es posible saber cuándo aparecerá tu nombre en el juicio a los vivos?” Estas son preguntas muy importantes y merecen respuestas sensibles que estén respaldadas por la inspiración.

Como Adventista del Séptimo día de cuarta generación, crecí creyendo que nunca sabríamos cuándo aparecerían nuestros nombres en el juicio a los vivos y que solo sabríamos el resultado de nuestro juicio luego del cierre de gracia cuando era demasiado tarde para cambiar o apelar el veredicto. No me preocupaba mucho esta forma de considerar el juicio, porque había sido criada por una madre y abuela Adventistas del Séptimo día muy devotas y me enseñaron a amar la Biblia y el Espíritu de Profecía y crecí sabiendo en mi corazón que sería llamada algún día para hacer algún trabajo especial para Dios. Pero este no era el caso para muchos Adventistas del Séptimo día, como podemos ver en este artículo de Martin Weber la Revista Ministry de octubre de 1994:

“El diablo ha disparado algunas de sus flechas más afiladas al Santuario celestial con su juicio de 1844. Este pilar Adventista, erigido sobre Cristo, se nutre tanto de la afirmación de la salvación y de una observancia fiel de los mandamientos. Sin embargo, aparte de la cruz, la doctrina del santuario/juicio se vuelve una herejía desalentadora y destructora de la fe.”

“El tormento eterno es una terrible doctrina del diablo, pero al menos no perturba a los fieles con dudas respecto a su propia condena. Por otro lado, la doctrina del santuario/juicio que me enseñaron, le informa a los santos batalladores que no han alcanzado la victoria todavía que si sus nombres ya habían aparecido en el juicio celestial y no habían pasado la prueba, su caso ya estaba perdido.”

“’¿Cuál es el punto?’, lamentaban muchos de mis amigos adolescentes luego de las clases de Biblia. ¿Por qué esforzarse siquiera en ser como Cristo si puede que ya hayamos sido condenados en el juicio? No es de extrañarse que algunos dejaran de escalar los peldaños al trono de gracia en el Santuario celestial. Pastores y profesores preocupados redoblaron sus esfuerzos para salvar a sus jóvenes de abandonar la iglesia y caer en las drogas. Mayormente en vano.”

“Los jóvenes y los viejos se cansaron de la religión basada en la vergüenza y la pena y la tendencia es a abandonar todo… Algunos Adventista abandonan a Dios y a la iglesia, otros siguen yendo, pero se divorcian de los aspectos disfuncionales de la religión que les ocasionan dolor – como la perversión perfeccionista de la doctrina del santuario/juicio.”

“¡Qué lástima! Los Adventistas del Séptimo día tienen tanto que enseñarle al mundo. No hay pérdida en nuestro mensaje, Dios nos dio un paquete completo de verdad. Sin embargo, hemos tenido problemas conectando la doctrina Adventista con la fe Cristiana, compuesta por un deseo a dudar en vez de sentarse a los pies de Cristo y aprender de Él. Se suponía que el episodio de 1888 remediara todo eso.”

“Pero no fue así. Buscando avivamiento de recuperación, algunos Adventistas quieren llevar a la iglesia a los buenos días de otrora, cuando la mayoría de los miembros creía básicamente en lo mismo y muy pocos cuestionaban nuestras doctrinas fundamentales. No obstante, una inevitable pregunta viene a la mente: Si los buenos viejos días eran tan buenos, ¿por qué estamos aquí todavía?” Martin Weber, Revista Ministry, Octubre de 1994.

Ahora, a más de 175 años luego de la gran decepción de 1844, debemos hacernos la siguiente pregunta vital: “¿Por qué estamos aquí todavía?” Para comenzar nuestra búsqueda, usaré una cita del Conflicto de los Siglos, pp. 424, 425:

“Pero el pueblo no estaba aún preparado para ir al encuentro de su Señor. Todavía le quedaba una obra de preparación que cumplir. Debía serle comunicada una luz que dirigiría su mente hacia el templo de Dios en el cielo; y mientras siguiera por fe a su Sumo Sacerdote en el desempeño de su ministerio en ese lugar, se le revelarían nuevos deberes. Había de darse a la iglesia otro mensaje de advertencia e instrucción. (Se cita entonces a Malaquías 3:2, 3). Los que vivan en la Tierra cuando cese la intercesión de Cristo en el Santuario celestial deberán estar firmes ante la mirada atenta de un Dios santo sin un mediador. Sus vestiduras deberán estar sin mácula; sus caracteres, purificados de todo pecado por la sangre de la aspersión. Por medio de la gracia de Dios y sus propios y diligentes esfuerzos deberán ser vencedores en la lucha contra el mal. Mientras prosigue el juicio investigador en el cielo, mientras los pecados de los creyentes arrepentidos son quitados del Santuario, debe haber una obra especial de purificación, de eliminación del pecado, entre el pueblo de Dios en la Tierra. Esta obra está presentada con mayor claridad en los mensajes de. Apocalipsis 14. “Cuando esta obra haya sido consumada, los discípulos de Cristo estarán listos para su venida.””

Claramente, algo absolutamente vital debe ocurrir en las vidas de los seguidores de Cristo antes que estén listos para Su venida. Esta experiencia se describe en los Primeros Escritos, pp. 269-271:

“Vi que algunos, con fe robusta y gritos acongojados, clamaban ante Dios. Estaban pálidos y sus rostros demostraban… De cuando en cuando brillaba en sus semblantes la señal de la aprobación de Dios, y después volvían a quedar en severa, grave y anhelante actitud.”

 “Los ángeles malos los rodeaban, oprimiéndolos con tinieblas para ocultarles la vista de Jesús y para que sus ojos se fijaran en la obscuridad que los rodeaba, a fin de inducirlos a desconfiar de Dios y murmurar contra él. Su única salvaguardia consistía en mantener los ojos alzados al cielo.…”

 “Vi que algunos no participaban en esta obra de acongojada demanda, sino que se mostraban indiferentes y negligentes, sin cuidarse de resistir a las tinieblas que los envolvían, y éstas los encerraban como una nube densa. Los ángeles de Dios se apartaron de ellos y acudieron en auxilio de los que anhelosamente oraban. Vi ángeles de Dios que se apresuraban a auxiliar a cuantos se empeñaban en resistir con todas sus fuerzas a los ángeles malos y procuraban ayudarse a sí mismos invocando perseverantemente a Dios. Pero nada hicieron sus ángeles por quienes no procuraban ayudarse a sí mismos, y los perdí de vista…”

 Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo que el Testigo fiel dio a la iglesia de Laodicea.”

“Este testimonio debe causar un profundo arrepentimiento, todo el que lo reciba debe obedecerlo y ser purificado…”

“Pregunté por la causa de tan profundo cambio y un ángel me respondió: ‘Es la lluvia tardía’; el refrigerio de la presencia del Señor; el potente pregón del tercer ángel.”

Observen que antes que recibamos la lluvia tardía, debe haber una obra de arrepentimiento y purificación en cooperación con lo que Cristo está haciendo por nosotros en el Santuario celestial. Esta obra no es secreta. Es una de cooperación entre nuestras almas y nuestro Salvador y estamos totalmente conscientes de esta experiencia. Cristo, el Testigo Fiel de los Laodiceanos, nos señala nuestros pecados y las discrepancias de nuestros caracteres y escuchamos y respondemos ante la obra del Espíritu Santo al purificar nuestras vidas con arrepentimiento y recibir la corrección y sanación de estos pecados. Esta experiencia es completamente acorde con los requisitos para el pueblo de Israel el Día de la Expiación cuando su sumo sacerdote estaba purificando la segunda habitación o el Lugar Santísimo de los pecados que fueron colocados allí durante todo el año de ministerio.

“Aunque el pecado era perdonado, el registro del pecado permanecía hasta el Día de la Expiación, cuando era ‘purgado’ y cuando esto había ocurrido, había ‘un final de la reconciliación’” 1BC 777 (no EGW).

Además, a cada israelita se le pedía ayunar en ese día, no trabajar y escudriñar sus corazones diligentemente para ver si quedaba algo de los pecados en sus vidas que habían sido cometidos y perdonados durante el año. El que no hiciese esta labor de escudriñar su corazón, era execrado del campamento.

“Y este será un estatuto perenne para ustedes: Que en el séptimo mes, en el décimo día del mes, deberán afligir sus almas… pues en ese día, el sacerdote hará una expiación por ustedes, para purificarlos, para que estén limpios de todos sus pecados ante el Señor.” Levítico 16:29, 30, VRS.

“El que no (se afligiera – VRS) a sí mismo ese día, debía ser cortado del pueblo.” Levítico 25:29.

Por tanto, la obra de Cristo en el Lugar Santísimo del Santuario celestial de eliminar el pecado de Su pueblo, requiere una labor correspondiente de arrepentimiento y aflicción del alma, como vemos descrito en los Primeros Escritos, si aspiramos a estar entre los que reciban la lluvia tardía y el refrescar de la presencia del Señor. Esto necesita cooperación con Cristo a través del Espíritu Santo mientras nos impresiona con las cosas que ve escritas en los libros de los cielos que deben ser purificadas y purgadas de nuestras vidas. Nosotros mismos nos sabemos cuáles son nuestros pecados en los niveles más profundos de nuestra mente. Así, debemos tener una cercana e íntima relación con Cristo que Le permita señalarnos lo que ve registrado en los libros celestiales, pues ‘El Señor no hace nada sin nuestra cooperación.’” 2 SM 236.

“Mientras Cristo esté purificando el Santuario, los adoradores de la Tierra deberían revisar cuidadosamente sus vidas y comparar sus caracteres con los estándares de la justicia.” Ev 224.

“Sin el proceso de transformación que solo puede venir a través del poder divino, las propensiones originales al pecado quedan en el corazón con todas sus fuerzas, para forjar nuevas cadenas, para imponer una esclavitud que no puede romperse solo con el poder humano.” Ev 192.

¿Ven cuán imposible es para el poder humano prepararnos para la venida de Cristo? Por tanto, Dios nos dio un camino para cooperar con Cristo a medida que limpiaba tanto los pecados de nuestras vidas como los registros de estos en los libros celestiales.

Recuerdo muy bien el día en que comencé este proceso de limpieza en mi propia vida. Había pasado por algunas pruebas severas y sin importar cuánto lo intentaba, no podía vencer mis sentimientos de rabia y frustración. Oraba todos los días y lloraba ante el Señor para que me concediera la victoria sobre mis sentimientos, pero día a día seguía fracasando. Entonces un día cuando le pedía al Señor que me mostrara por qué no podía vencer, vi una sucesión de imágenes en mi mente acerca de mi rabia hacia mi padre desde mi infancia. Fui a mi habitación y me postré inclinando mi rostro sobre la cama y supliqué conocer por qué estaba experimentando este extraño fenómeno. “Quiero que le confieses a tu padre la rabia que le tenías de niña”, dijo el Señor. “Pero”, repliqué, “¿Por qué debería confesárselo cuando él fue el que me lastimó y me hacía molestar?” “Tu padre es responsable ante Mí por sus acciones ante ti”, me dijo la suave voz en mi consciencia, “pero tú eres responsable ante Mí por cómo reaccionaste ante él.” Una luz de entendimiento comenzó a iluminar mi corazón y apenas pude, conduje tres horas a la casa de mis padres. Mientras estaba allí, confesé mi rabia hacia mi padre durante mi niñez y le pedí que me perdonara. Me abrazó y me dijo: “Carol, estuve pensando en que debería volver con el Señor. Ora por mí, por favor.”

Mi padre volvió al Señor y fue un hombre salvo cuando murió a los 85 años. Pero este fue solo el comienzo para mí en esta experiencia única de recibir recuerdos de mi niñez para responder mis peticione para sanar algunas áreas de mi vida. Finalmente, le pedí al Señor que me explicara por qué estaba teniendo estas extrañas experiencias. Me dijo: “Busca la expiación final.” Inmediatamente fui al estante de los libros y saqué el Conflicto de los Siglos y fui al capítulo llamado “El juicio investigador”, pp. 489, 90 y leí:

“Estamos viviendo ahora en el gran día de la expiación. Cuando en el servicio simbólico el sumo sacerdote hacía la propiciación por Israel, todos debían afligir sus almas arrepintiéndose de sus pecados y humillándose ante el Señor, si no querían verse separados del pueblo. De la misma manera, todos los que desean que sus nombres sean conservados en el libro de la vida, deben ahora, en los pocos días que les quedan de este tiempo de gracia, afligir sus almas ante Dios con verdadero arrepentimiento y dolor por sus pecados. Hay que escudriñar honda y sinceramente el corazón... Empeñada lucha espera a todos aquellos que quieran subyugar las malas inclinaciones que tratan de dominarlos. La obra de preparación es obra individual. No somos salvados en grupos. La pureza y la devoción de uno no suplirá la falta de estas cualidades en otro... Cada cual tiene que ser probado y encontrado sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante.”

 “El juicio está en marcha ahora en el Santuario celestial. Durante muchos años estuvo en progreso. Pronto – nadie sabe cuán pronto – se pasará al caso de los vivos. Nuestras vidas comparecerán a revisión ante la terrible presencia de Dios. En este momento más que en cualquier otro, se precisa que cada alma escuche la admonición del Salvador: ‘Velen y oren, porque nadie sabe la hora.’”

Entonces escuché la dulce vocecita de Cristo decir: “Esto es lo que te está pasando. Llegué a tu nombre en el juicio.” “Pero”, dije, “¡Creí que nunca sabríamos cuándo aparecerían nuestros nombres en el juicio!” “Sigue leyendo”, dijo.

“Por tanto, si no velan, vendré como ladrón y no sabrán a qué hora llegaré.”

“¡Pero tú estabas velando!” Dijo.

Mi emoción no tenía límites. En lo único en que podía pensar era en cuánta gente en nuestra denominación que vivió temiendo este momento y ahora saber que una caminata con Cristo llenó mi alma hasta el máximo que determiné que compartiría este agradable mensaje con todos hasta donde Dios me lo permitiese.

Durante la próxima década, estudié el tema del Santuario y el Señor me abrió el concepto de la “Oración del Santuario” como una experiencia con Dios mientras nos purifica del pecado a diario. Este mensaje fue examinado y aceptado por el Instituto de Investigación Bíblica y se convirtió en una palabra común entre muchos Adventistas del Séptimo día e incluso entre otras denominaciones. Entonces en 1984, Dios me abrió un camino para hablar a tiempo completo por todo el mundo.

¿Por qué Dios esperó tanto para abrirnos este tópico? De hecho, Dios trató de hacernos comprender esto a través de los Ancianos Jones y Waggoner en 1888. El libro del Conflicto de los Siglos se publicó en 1888 y cuando Elena White escribió las palabras que he citado anteriormente, la comprensión de los aspectos experimentales del juicio de los vivos no estaba clara del todo. Pero a través de la obra del Anciano Jones especialmente, este concepto comenzó a simplificarse y entenderse. Lean estas palabras del Anciano Jones dirigiéndose a una sesión de la Conferencia General en 1893:

“Ahora algunos hermanos han hecho eso mismo. Vinieron hasta aquí libres, pero el Espíritu de Dios reveló algo que nunca antes vieron. El Espíritu de Dios fue más profundo de lo que jamás fue y les reveló cosas que jamás vieron y entonces, en vez de agradecerle al Señor que así fuera y dejar toda la iniquidad de lado, agradeciéndole al Señor por tener mucho más de Él de lo que tenían antes, comenzaron a desanimarse. Dijeron: ‘¿Qué haré? Mis pecados son tan grandes’…”

“Si el Señor nos reveló pecados que nunca antes habíamos considerado, eso solo demuestra que está profundizando y alcanzará el fondo al final y cuando encuentre la última cosa que sea sucia o impura que no esté en armonía con Su voluntad y lo saque a la luz y nos lo muestre y podamos decir: ‘Preferiría tener al Señor que eso”, entonces la obra habrá culminado y el sello del Dios viviente podrá ser colocado sobre ese carácter.” Boletín, pp. 404, 405.

¿No es esa una emocionante y simple manera de ver el juicio a los vivos? Dios nos está revelando cosas que nunca antes habíamos considerado y lo único que pide es que cooperemos con Él, que confesemos nuestros pecados y que Lo dejemos tomarlos y eliminarlos de los registros de los libros celestiales. Es un proceso inteligente y cooperativo con el Señor. Observen este proceso según Isaías:

“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.” Isaías 1:16-20

Incluso en el momento de la purga al cierre del ministerio de Cristo en el Santuario celestial, nos invita a Él y razonar con Él para que podamos comprender lo que está haciendo para ayudarnos a ser libres de nuestros propios pecados, al igual que de los pecados ancestrales que se han transmitido hasta nosotros desde generaciones anteriores.

“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte. Tu primer padre pecó, y tus enseñadores prevaricaron contra mí.” Isaías 43:25-27.

“La obra de restauración no puede estar completa a menos que se alcancen las raíces del mal. Una y otra vez las ramas se han cortado, mientras la raíz de la amargura ha permanecido para crecer y profanar a muchos, pero se debe alcanzar lo más profundo del mal oculto, los sentidos morales deben ser juzgados una y otra vez, a la luz de la presencia divina. La vida cotidiana testificará si la obra es genuina.” 5 BC 1152.

“La clase representada por las vírgenes imprudentes… no… permitieron que su antigua naturaleza expirara… Se conformaron con un trabajo superficial. No conocen a Dios. No estudiaron Su carácter, no comulgaron con Él, por tanto, no saben cómo confiar, cómo verse y vivir. Su servicio a Dios está degenerado.” COL 411.

“En la parábola del capítulo 22 de San Mateo, se emplea la misma figura de las bodas y se ve a las claras que el juicio investigador se realiza antes de las bodas. Antes de verificarse estas entra el Rey para ver a los huéspedes, y cerciorarse de que todos llevan las vestiduras de boda, el manto inmaculado del carácter, lavado y emblanquecido en la sangre del Cordero. Al que se le encuentra sin traje conveniente, se le expulsa, pero todos los que al ser examinados resultan tener las vestiduras de bodas, son aceptados por Dios y juzgados dignos de participar en su reino y de sentarse en su trono. Esta tarea de examinar los caracteres y de determinar los que están preparados para el reino de Dios es la del juicio investigador, la obra final que se lleva a cabo en el santuario celestial.” GC 428.

“Cada uno en el día del juicio se revelará en carácter como realmente es, le presentará una cuenta individual a Dios. Cada palabra dicha, cada desviación de la integridad, cada acción que mancille el alma, será pesada en las balanzas del Santuario. Los recuerdos serán vívidos y reales en la condenación del culpable, quien será hallado deficiente ese día. La mente recordará todos los pensamientos y acciones del pasado, toda la vida se verá como las escenas de un panorama.” R&H, 4 de Noviembre de 1884.

Tal vez sea más fácil ver ahora por qué la gente del pasado se resistió a esta experiencia y no entendía cómo cooperar con Cristo en la limpieza de sus vidas. Consecuentemente, la venida del Señor se retrasó, pues debe tener un pueblo que esté limpio y listo para el cierre de gracia cuando Él salga del Santuario y ya no haya más mediación a nuestro favor. Pero no debemos temerle al juicio de los vivos ya más, pues Cristo está allí con nosotros mientras lo atravesamos y si permanecemos en contacto con Él y Le permitimos que revele, limpie y elimine cada pecado que queda en nuestras vidas, nos contaremos entre los que serán sellados, recibiremos la lluvia tardía y daremos el fuerte pregón, que es el último mensaje de advertencia para el mundo:

“Salgan de allí, pueblo Mío, para que no sean partícipes de sus pecados y para que no reciban sus plagas, porque sus pecados han llegado al cielo y Dios recordó sus iniquidades.” Apocalipsis 18:4, 5, VRS.

Tengan la certeza que si no hemos limpiado nuestros propios pecados, el Espíritu Santo no podrá fluir a través de nosotros para llevarle este mensaje a los demás. Muchos dicen hoy en día desde el púlpito que pecaremos hasta que Cristo vuelva y remueva nuestra naturaleza carnal. Esta creencia es una argucia letal del diablo para que sigamos pecando hasta que el día de la redención haya pasado.

“Me mostraron que solo una pequeña fracción de los que ahora profesan la verdad serán santificados y salvos. Muchos no pasarán esta prueba. Se conformarán con el mundo, adorarán a ídolos y morirán espiritualmente. Los humildes y sacrificados seguidores de Cristo serán perfeccionados, dejando atrás a los indiferentes y amantes del mundo.” 1T 608.

“¿Estamos luchando con todo nuestro poder para alcanzar la estatura de los hombres y mujeres en Cristo? ¿Estamos buscando Su entereza, siempre avanzando a la meta ante nosotros – la perfección de Su carácter? Cuando el pueblo del Señor alcance esta meta, serán sellados en sus frentes. Llenos con el Espíritu Santo, serán completos en Cristo y el ángel registrador declarará: ‘Consumado es.’” OHC 150.

“Vi que mucho no se dan cuenta de lo que deben ser para vivir ante la mirada del Señor sin un Sumo Sacerdote en el Santuario durante el tiempo de tribulación. Los que reciban el sello del Dios viviente y sean protegidos durante el tiempo de tribulación deben exhibir por completo la imagen de Cristo.”

“Vi que muchos descuidaban la preparación tan necesaria, esperando que el tiempo del “refrigerio” y la “lluvia tardía” los preparase para sostenerse en el día del Señor y vivir en su presencia. ¡Oh! ¡Y a cuántos vi sin amparo en el tiempo de angustia! Habían descuidado la necesaria preparación, y por lo tanto no podían recibir el refrigerio que todos deben tener para poder vivir en la presencia de un Dios Santo.” EW 71

“Es algo solemne morir, pero es mucho más solemne vivir. Cada pensamiento, palabra y acción de nuestra vida volverá a confrontarnos. Tendremos que seguir siendo durante toda la eternidad lo que nos hayamos hecho durante el tiempo de gracia. La muerte provoca la disolución del cuerpo, pero no produce cambio alguno en nuestro carácter, ni lo cambia tampoco la venida de Cristo; tan sólo lo fija para siempre sin posibilidad de cambio.” 5T 466.

“Vi una cubierta que Dios estaba colocando sobre Su pueblo para protegerlos durante el tiempo de tribulación y toda alma que se decidió por la verdad y que era pura de corazón sería cubierta con el manto del Todopoderoso.” EW 43.

“Mientras la dulce voz de la misericordia moría, el temor y el pánico se apoderaron de los inicuos… Los que no habían apreciado la palabra de Dios se apresuraron por hacerlo, errando de mar en mar, del norte al este, buscando la Palabra del Señor… ¡Qué no darían por una palabra de aprobación del Señor!” EW 281.

Estimados, no debemos estar entre los que se despierten demasiado tarde para participar con Cristo en la limpieza que está haciendo ahora mismo en el Santuario celestial. El juicio a los vivo es el proceso por el cual Cristo nos revela nuestros pecados y los remueve mientras nos arrepentimos y buscamos ser cubiertos por Su perfecta túnica de justicia. Cuando esto se haya hecho, el plan de salvación habrá culminado y Cristo vendrá a llevar a Sus santos que lo esperan a casa con Él. Los que no hagan este proceso de purificación deberán encontrarse de nuevo con sus pecados en el Día del Juicio para los inicuos.

“Apenas los libros de registro se abran y el ojo del Señor se pose sobre los inicuo, serán conscientes de todo pecado que alguna vez cometieron. Verán justo dónde sus pies se apartaron del camino de la pureza y la santidad, así como cuán lejos el orgullo y la rebeldía los llevaron a violar la ley de Dios. Las tentaciones seductivas que alentaron por indulgencia al pecado, la bendiciones pervertidas, los mensajeros de Dios detestados, la advertencias rechazadas, las olas de misericordia repelidas por los corazones testarudos que no se arrepintieron, todo aparecerá como si estuviese escrito con letras de fuego.” GC 666.

El juicio está ahora en marcha y los libros se han abierto hasta tu nombre y el Mío (Daniel 7:10). Ahora, en los días que restan de gracia, es el momento para cooperar con Cristo en la purificación de todos nuestros pecados y recibir Su palabra de afirmación: “Bien hecho, buen y fiel siervo, en lo poco fuiste fiel, en lo mucho te pondré, pasa a la dicha de tu Señor.” Mateo 25:23, VRS.

 

 Artículo por Carol Zarska, MAR, Escritora.