19.) Ganarle la Batalla a Satanás

Cuando Adán y Eva fueron creados, estaban en complete armonía con Dios en todo aspecto. Sus mentes fueron formadas como templo para que el Espíritu Santo morara y que pudieran comulgar con Cristo cara a cara como amigos. Los ángeles los visitaban regularmente para enseñarles e instruirlo en los caminos de la salud, la alegría y la santidad. Se les contó de la deserción de Lucifer y un tercio de los ángeles y se les advirtió acerca de acercarse al árbol del conocimiento del bien y el mal, al que a Satanás se le permitió acceso a ellos si se aventuraban a desobedecer el mandato de Dios. Con todas estas ventajas, Adán y Eva se sentían completamente seguros de no sucumbir nunca a los engaños del tentador.

Pero esta nueva pareja reluciente con el brillo de la gloria y santidad de Dios a su alrededor, no tenía idea de cuán sutiles serían las tentaciones de Satanás. Él conocía bien el camino que llevaría a su propia rebelión y exitosamente había practicado el mismo razonamiento con los ángeles que cayeron con él. Ahora estaba determinado a hacer caer a este nuevo mundo brillante que Dios había creado y hacerlo la capital de su propio reino rebelde en contra de Dios.

 

He aquí un vistazo a los pasos que llevaron a la caída de Adán y Eva.

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.” Génesis 3:1-7.

Elena White declara que la serpiente “halagó a Eva con sutil alabanza de ella más allá de la hermosura y sus palabra no eran desagradables… No se le ocurrió que la fascinante serpiente pudiese convertirse en el vehículo del enemigo caído.” PP 54.

Desde ese momento, Satanás reclamó la propiedad de este mundo y la autoridad sobre él. Pero Dios no dejó el mundo bajo el control del maligno. Los ejércitos celestiales están constantemente trabajando para llevar a cabo los propósitos de Dios para ganar la batalla en contra del mal para toda persona que acepte a Cristo y se ajuste a Dios y los principios de Su carácter y gobierno.

“Sólo cuando se vean a la luz de la eternidad las providencias de Dios, comprenderemos lo que debemos al cuidado y la intercesión de los ángeles. Los seres celestiales han tenido una parte activa en los asuntos de los hombres…”

“Aunque los gobernantes de este mundo lo ignoren, a menudo los ángeles han hablado en sus concilios. Los han contemplado los ojos humanos. Los oídos humanos han escuchado sus pedidos. En tribunales y cortes de justicia, los mensajeros celestiales han defendido la causa de los perseguidos y oprimidos. Han desbaratado propósitos y detenido males que hubieran causado oprobio y sufrimiento a los hijos de Dios…”

“Todo redimido comprenderá la obra de los ángeles en su propia vida. ¡Qué sensación le producirá conversar con el ángel que fue su guardián desde el primer momento; que vigiló sus pasos y cubrió su cabeza en el día de peligro; que estuvo con él en el valle de la sombra de muerte, que señaló su lugar de descanso, que fue el primero en saludarlo en la mañana de la resurrección y conocer por medio de él la historia de la interposición divina en la vida individual, de la cooperación celestial en todo trabajo en favor de la humanidad!” Ed. 304, 5.

A medida que nos acercamos al cierre de la historia terrestre y la batalla entre el bien y el mal e intensifique, debemos entender más claramente cómo cooperar con las fuerzas del bien en contra de las del mal.

 

“Cuando estemos tentados a pecar, recordemos que Cristo está abogando por nosotros en el Santuario celestial. Cuando apartamos nuestros pecados y acudimos a Él con fe, Él se lleva nuestros nombres a los labios y se los presenta a Su Padre diciendo: ‘Los cavé en las palmas de mis manos, los conozco de nombre.’ Y la orden sale para que los ángeles los protejan. Entonces en el día de dura prueba, Él dirá: ‘Vengan, pueblo Mío, pasen a sus aposentos y cierren las puertas tras ustedes, escóndanse así sea por un momentito, hasta que la indignación pase.’ (Isaías 26:20, VRS). ¿Qué son esto aposentos en donde se esconderán? – Son la protección de Cristo y los santos ángeles.” 4BC 1143.

El texto que se cita aquí de Isaías 26:20 se aplica especialmente a aquellos que estén vivos al final de la historia terrestre.

“Cuatro ángeles poderosos retienen los poderes de esta tierra hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes. Las naciones del mundo están ávidas por combatir; pero son contenidas por los ángeles. Cuando se quite ese poder restrictivo, vendrá un tiempo de dificultades y angustia… Todos los que no tienen el espíritu de la verdad se unirán bajo el liderazgo de agentes satánicos; pero serán retenidos hasta que llegue el tiempo de la gran batalla del Armagedón.—Comentario Bíblico Adventista 7:978 (1900)”

“Hay ángeles que rodean el mundo, rechazando las pretensiones de supremacía que presenta Satanás, por causa de la vasta multitud de sus adherentes. No oímos las voces, no vemos con nuestra vista natural la labor de estos ángeles, pero sus manos están unidas alrededor del mundo, y con atenta vigilancia mantienen a raya a las huestes de Satanás, hasta que se complete el sellamiento del pueblo de Dios…”

“El Señor es un refugio para todos los que confían en Él. Los invita a esconderse en Él por un momentito, hasta que la indignación pase. Pronto saldrá de Su lugar para castigar al mundo por su iniquidad. Entonces la Tierra revelará su sangre y ya no cubrirá a sus muertos ya más. (Isaías 26:20, 21).” 7BC 967.

Lo importante es recordar que estamos en una gran batalla cósmica entre las fuerzas del bien y el mal y los que aman y siguen a Cristo son el objetivo de la furia e ira de Satanás, ya que se interponen entre él y su deseo de ganar el gran conflicto a la fuerza y mediante el miedo o para llevar a sus súbditos a un estado de simpatía con él acorde con los principios de su gobierno. Para entender mejor el resentimiento que se levantó en el corazón de Satanás en el comienzo de su desafío al gobierno de Dios, citaré algunos pasajes de “Primeros Escritos”, páginas 145 y 146:

 

“Satanás fue una vez un ángel a quien se honraba en el cielo… Su figura era perfecta, y su porte noble y majestuoso. Pero cuando Dios dijo a su Hijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen,” Satanás sintió celos de Jesús. Deseó que se le consultase acerca de la formación del hombre, y porque esto no se hizo, se llenó de envidia, celos y odio. Deseó recibir los más altos honores después de Dios, en el cielo.”

“Hasta entonces todo el cielo había estado en orden, armonía y perfecta sumisión al gobierno de Dios. Rebelarse contra su orden y voluntad era el mayor pecado. Todo el cielo parecía estar en conmoción... Satanás, deseoso de exaltarse, no queriendo someterse a la autoridad de Jesús, sembraba insinuaciones contra el gobierno de Dios. Algunos de los ángeles simpatizaban con Satanás en su rebelión, y otros contendían esforzadamente por el honor y la sabiduría de Dios al dar autoridad a su Hijo… Satanás y los que simpatizaban con él… Querían escudriñar su insondable sabiduría, y averiguar cuál era su propósito al ensalzar a Jesús y dotarle de tan ilimitado poder y comando. Se rebelaron contra la autoridad del Hijo… Hubo entonces guerra en el cielo… Satanás quiso vencer al Hijo de Dios y a aquellos que se sometían a su voluntad. Pero prevalecieron los ángeles buenos y fieles, y Satanás, con sus secuaces, fue expulsado del cielo.”

La animosidad, odio y propósitos de Satanás y sus seguidores nunca disminuyeron en los miles de años que pasaron luego. Causó la muerte del Hijo de Dios en la cruel cruz del Calvario y la de millones de seguidores de Cristo a través de la historia. Pero esta gran batalla cósmica se acerca a su fin y Cristo pronto vendrá a rescatar a Sus fieles hijos. Nuestra generación está ahora en el escenario y es imperativo que entendamos el papel que debemos representar en la historia y cómo cooperar con Cristo a medida que termine la obra de redención produciendo un remanente final purificado que refleje Su imagen a la perfección. Todo el Cielo está esperando y anhelando este glorioso fin de la guerra que comenzó hace tanto tiempo. ¡Qué dichosa celebración tendrá lugar cuando la batalla termine y se logre la victoria!

“Oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente. (El lino fino representa (la rectitud, VRS) de los santos.)”

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: ¡Estas son palabras verdaderas de Dios!’” Apocalipsis 19:6-9.

 

 

¿Qué se necesita para formar parte de ese número que emergerá victorioso sobre el mar de vidrio delante del trono del Padre y el Hijo? Como vemos en las citas anteriores, el conflicto cósmico entre el bien y el mal no puede terminar hasta que Dios tenga un pueblo que esté en completa armonía con Sus leyes, Su carácter y Su gobierno. Satanás audazmente proclamó tener una mejor forma de gobierno y con especioso y sutil razonamiento, confundió a muchos de los ángeles celestiales. Durante seis mil años este mundo ha sido una exhibición de los principio del reino de Satanás. Los que se salvaron en esta Tierra son los que osadamente rechazaron las proclamas de Satanás y a pesar de las dificultades, la persecución o las amenazas de muerte, viven para ejemplificar el carácter de Dios y Su santidad en sus propias vidas. Cuando este estándar se alcance, serán sellados para la eternidad y el gran conflicto llegará a su fin.

Ya que todos hemos pecado y no alcanzamos la gloria de Dios, esta transformación de carácter solo puede ocurrir cuando el pueblo de Dios sea totalmente purificado de toda simpatía con Satanás y sus principios de vida. Por tanto, el proceso de sellado debe ser el resultado de una experiencia consciente con Dios donde nos revele los defectos de nuestros caracteres y no permita estar en perfecta armonía con Él en todo aspecto de nuestras vidas. Este proceso se describe con más detalle en mi artículo anterior: “El juicio investigativo y el juicio de los vivos” 18-2-20, el cual puede verse en mountainrefugeministries.com. También puede hallarse una descripción de esta experiencia en “Primeros Escritos” 269-271, en el capítulo llamado: “El sacudón”. Sin embargo, en este artículo quiero enfocarme en los detalles del proceso y principios de la batalla y cómo cooperar con Cristo a medida que guía a Su pueblo a través de esta experiencia.

 

Para echar las bases de este proceso, usaré la definición de pecado como “estar en desacuerdo con Dios”, la cual se extrae del volumen cinco de “Testimonios”:

“Dios nos manda: ‘Sean santos, porque Yo lo soy’ y un apóstol inspirado declara que sin santidad ‘nadie verá al Señor’ (Hebreos 12:14). La santidad es estar de acuerdo con Dios. Al pecar, la imagen de Dios en el hombre ha sido deformada y casi obliterada por completo, es la obra del evangelio el restaurar lo que se ha perdido y debemos cooperar con las agencias divinas en esta labor. ¿Y cómo podemos estar en armonía con Dios? ¿Cómo podemos recibir Su semejanza a menos que recibamos Su conocimiento? Es este conocimiento lo que Cristo vino a revelarnos a este mundo…”

“Hermanos, es contemplando que cambiamos. Al morar en el amor de Dios nuestro Salvador, al contemplar la perfección del carácter divino y reclamar la rectitud de Cristo para nosotros por medio de la fe, seremos transformados a la misma imagen. Entonces no reunamos todas las imágenes no placenteras – las iniquidades, corrupción y decepciones, las evidencias del poder de Satanás – para colgar en los salones de nuestros recuerdos, para hablar y lamentar hasta que nuestras almas se llenen con desaliento. Un alma desalentada es un cuerpo de oscuridad que no solo falla en recibir la luz de Dios, sino que se la apaga a otros. A Satanás le encanta ver el efecto de las imágenes de sus triunfos, al hacer que los seres humanos se desalienten y pierdan la fe…

“La perfecta conformidad a la voluntad de Dios es el alto blanco que debe estar constantemente delante del cristiano. El se deleitará en hablar de Dios, de Jesús, del hogar de felicidad y pureza que Cristo ha preparado para los que le aman. La contemplación de estos temas, cuando el alma se regocija en las bienaventuradas seguridades de Dios, es comparada por el apóstol al goce de “las virtudes del siglo venidero””. 5T 743-5.

En mi experiencia personal y también al aconsejar a otros, encuentro que el mayor reto en el caminar Cristiano es la tentación a tener pensamientos negativos acerca de nosotros mismos, de los demás, de nuestra situación en la vida y de miles de formas con las que Satanás ha infectado nuestro parecer desde la infancia y hasta desde que nacimos. La ciencia ahora nos indica que nuestros modos de pensar y sentir se nos transmiten a través del ADN de nuestros ancestros tan lejanos como la tercera y cuarta generación, un principio que también vemos en las escritura (Éxodo 20:4-6). Debido a este hecho, muchos concluyen que la profundas raíces pecaminosas que heredamos no pueden ser totalmente erradicadas hasta que Cristo venga y transforme nuestros cuerpos mortales en inmortales, pero si esto fuese cierto, Cristo ya pudo haber regresado. ¿Qué es lo que está reteniendo a nuestro Salvador en el Santuario celestial desde hace más de ciento setenta y cinco años desde que nuestros ancestros predicaron la próxima venida de Cristo? Está esperando una generación que dará un paso al frente acorde a toda la luz que se necesita para experimentar la purificación final y la eliminación del pecado del pueblo de Dios que se considere digno para vivir y verlo venir.

 

“Está por sobrecogernos la lucha final del gran conflicto, cuando con “gran poder y señales y milagros mentirosos, y con todo engaño de iniquidad”, Satanás obrará para representar falsamente el carácter de Dios, a fin de seducir, “si fuere posible, aun a los escogidos”. Mateo 24:24. Si hubo alguna vez un pueblo que necesitase un aumento constante de la luz del cielo, es el pueblo que, en este tiempo de peligro, Dios llamó a ser depositario de su santa ley y a vindicar su carácter delante del mundo. Aquellos a quienes se confió un cometido tan sagrado deben ser espiritualizados y elevados por las verdades que profesan creer. Nunca la iglesia tuvo tanta necesidad y nunca Dios estuvo más preocupado porque ella disfrutara la experiencia descrita en la carta de Pablo a los Colosenses cuando escribió: ‘No cesamos de orar por ustedes y desear que sean llenos con el conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que puedan caminar dignos del Señor en todo lo agradable, siendo fructíferos en toda buena obra y con conocimiento aumentado de Dios.’” 5T 746.

“Solo los que están siguiendo la luz que ya se dio los que pueden esperar recibir la mayor iluminación del Espíritu. Esto está claramente expresado en las palabras de Cristo: ‘Si algún hombre hace Su voluntad, conocerá la doctrina.’” 5T 705.

La luz aumentada y el conocimiento que creo que necesitamos ahora es entender cómo cooperar con Cristo en el Santuario celestial mientras limpia los libros celestiales y elimina todos los pecados de Su pueblo que allí están registrados. Hasta ahora, es el modo de pensar aceptado por la mayoría de las personas que este proceso ocurre en el Cielo sin que lo sepamos y que lo único que debemos hacer es confesar nuestros pecados y que Cristo cubrirá cualquier discrepancia en nuestro carácter con Su sangre perfecta y Su rectitud nos será atribuida. Sin embargo, este modo de pensar nos deja con caracteres sin corregir y con profundas raíces de pecado que todavía están causando sus efectos impíos en nuestras vidas cotidianas. Y esto significa que Satanás todavía tiene acceso a tentarnos en áreas que él mismo inyectó en nuestros pensamientos, sentimientos y los patrones de hábito que hemos desarrollado como resultado de toda una vida de ceder a sus tentaciones.

Hermanos, todo esto debe ser erradicado por completo de nuestras mentes y corazones antes del cierre de gracia. Debemos ser completamente purificados de todo pecado y ser llenados totalmente con la lluvia tardía para dar el fuerte pregón y estar listos para atravesar el tiempo de tribulación cuando Cristo ya no esté intercediendo por nosotros en el Santuario celestial.

 

Creo que la luz adicional que necesitamos está ahora brillando sobre nosotros, la cual nos permitirá experimentar la purificación total de nuestras vidas antes que Cristo salga del Santuario celestial. Esto se predijo en el servicio del Santuario de la antigüedad en el Día de la Expiación. En ese día todos los pecados que se habían confesado en el año se borraban y eliminaban del Santuario para siempre, para nunca más volver a la mente. Pero esto requería la completa cooperación de la gente mientras el sumo sacerdote estaba ministrando ante el arca sagrada de Dios en el Lugar Santísimo. Cada persona debía pasar el día escudriñando minuciosamente su corazón ante Dios para ver si algún jirón de pecado aún quedaba en sus vidas. Ahora, en el atípico Día de Expiación, aunque no podemos pasar todo momento en oración, nuestros corazones deben mantenerse en continua conexión y relación con Cristo para que pueda dirigir todo pensamiento, sentimiento y acción. La perfección de la vida requiere una constante relación con Cristo.

“Busquen a Cristo constantemente… Él es el único que puede darles paz.” 5T 649.

“Trabajemos por el Maestro con energía desinteresada, manteniendo delante de nosotros un sentido de la constante presencia de Dios. Pensemos en Moisés, en la paciencia y longanimidad que caracterizaban su vida…El tuvo al Señor siempre en su pensamiento, y el Señor estaba siempre a su diestra para ayudarle.”

“oisés tenía un profundo sentido de la presencia personal de Dios. Dios era real para él, siempre presente en sus pensamientos... Dios era para él un auxilio presente…”

“Moisés estaba lleno de confianza en Dios, porque tenía una fe que se apropiaba de sus promesas… Veía y reconocía a Dios en todo detalle de su vida, y sentía que estaba bajo el ojo del que lo ve todo, que pesa los motivos y prueba el corazón. Miraba a Dios, y confiaba en que él le daría fuerza para vencer toda tentación…. La presencia de Dios bastaba para hacerle atravesar las situaciones más penosas en las cuales un hombre pudiera ser colocado.”

“Moisés no pensaba simplemente en Dios; le veía. Dios era la constante visión que había delante de él; nunca perdía de vista su rostro. Veía a Jesús como su Salvador, y creía que los méritos del Salvador le serían imputados. Esta fe no era para Moisés una suposición; era una realidad. Esa es la clase de fe que necesitamos: la fe que soportará la prueba.”

 “Haga de Cristo su compañero de todos los días… Contemple a Cristo. Mire su carácter. Hable de él. Cuanto menos ensalce el yo, tanto más encontrará algo que ensalzar en Jesús... Tenga al Señor siempre presente en su recuerdo…. elevaos siempre más para tener visiones más claras del carácter de Cristo.” 5T 651, 2.

 

Estas magistrales citas del Espíritu de Profecía contienen demasiada verdad vital para el pueblo de Dios ahora. El gran conflicto se ha librado durante siglos y ahora es el momento en que termine con una victoria de Cristo y los que Lo aman y siguen. Para que esto ocurra, Cristo debe serlo todo para nosotros. Debe estar en nuestros pensamientos continuamente y debemos estar en consciente conexión y acuerdo con Él en todo momento.

¿Cómo puede ocurrir esto, cuando el pecado está en nuestros miembros (Romanos 7:14-25, VRS) – en el mismo ADN de nuestras células? Recibimos modos de pensar y sentir pecaminosos por herencia, de los pensamientos y sentimientos de nuestra madre cuando estábamos en su útero, de la forma en que nos trataron de niños y nuestras respuestas a las experiencias de la infancia, así como también nuestras características personales que forman nuestra única individualidad. ¿Cómo puede toda una vida de pensar y sentir ser purificada y reformada a la perfecta imagen de Cristo en la generación final como la Biblia dice que debe ser? La respuesta está en la posición y obra de Cristo en el Santuario celestial durante la eliminación de los pecados que lleva a cabo justo antes de dejar de interceder por Su pueblo en el Lugar Santísimo.

 

Mucha gente siente que esta obra intercesora avanza sin nuestro conocimiento o cooperación consciente y que terminará cuando Cristo llegue al último nombre en los libros celestiales. ¿Pero cómo puede Cristo eliminar los pecados de los registros celestiales si todavía permanecen en nuestras memorias y continúan afectando nuestros pensamientos, sentimientos y conductas? Esta forma de pensar respalda la proclama de Satanás que el pecado es inevitable si a los seres creados se les da libre albedrío. También le otorga a Satanás el derecho de desafiar la decisión de Dios de mantenerlo a él y a sus ángeles fuera del Cielo cuando pidieron ser readmitidos y reinsertados al Cielo. (Ver EW 146). La simple verdad es que si somos hallados dignos de estar seguros de ser salvos, el pecado debe erradicarse de nuestras vidas. Debemos estar en completa armonía con Cristo en todo aspecto de nuestras vidas. En lo que resta de este artículo, me enfocaré en exponer práctica y simplemente la obra purificadora de Cristo y cómo cooperar con Él a medida que remueve de nosotros el daño causado por Satanás.

 

“Todos hemos pecados y no alcanzamos la gloria de Dios.” Romanos 3:23, VRS. En términos prácticos, esto significa que todos salieron del útero manchados con pensamientos, sentimientos e impulsos que están corruptos por nuestra herencia. David dijo:

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, límpiame de mi pecado... He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” Salmos 51:1, 2, 5.

Elena White también comenta estos principios de la herencia:

“Lo que los padres son, a gran escala, los hijos lo serán. La condición física de los padres, sus disposiciones y apetitos, su tendencias morales y mentales se reproducen a mayor o menor grado en sus hijos.” MH 371.

“Muchos padres creen que el efecto de las influencias prenatales es cosa de poca monta; pero el Cielo no las considera así... El bienestar del niño dependerá de los hábitos de la madre… Si, antes del nacimiento de éste [su hijo], la madre procura complacerse a sí misma, si es egoísta, impaciente e imperiosa, estos rasgos de carácter se reflejarán en el temperamento del niño. Así se explica que muchos hijos hayan recibido por herencia tendencias al mal que son casi irresistibles.” MH 372.

“Es inevitable que los niños sufran las consecuencias del mal proceder de los padres, pero no son castigados por culpa de estos, salvo que sean partícipes de esos pecados. Sin embargo, es frecuente el caso donde los niños siguen los pasos de sus padres. Por herencia y ejemplo, los hijos se hacen partícipes del pecado de los padres. Las tendencias al mal, apetitos pervertidos y morales degradadas, al igual que enfermedades físicas y degeneraciones, se transmiten como un legado de padre a hijo, hasta la tercera y la cuarta generación. Esta terrible verdad tiene un solemne poder para persuadir a los hombres para no tomar un camino de pecado.” PP 306.

 

Nadie tiene padres perfectos, ni tampoco somos padres perfectos para nuestros hijos y aun así Dios nos prometió librarnos de los pecados que hemos heredado y que afectan nuestras vidas, nuestros caracteres y lo que somos hoy en día. Sin Cristo, nuestro caso estaría perdido, pero con Él y Su obra por nosotros en el Santuario celestial, podemos ser perfectos vencedores.

“El pecado puede evitarse y vencerse solo a través del poderoso menester de la Tercera Persona de la Trinidad, quien no vendrá con energía modificada, sino con la totalidad del poder divino. Es el Espíritu lo que pone en práctica lo que se describió con las palabras del Redentor. Es por el Espíritu que el corazón se purifica. A través del Espíritu el creyente se hace partícipe de la naturaleza divina. Cristo dio Su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias al mal, tanto heredadas como cultivadas y para imprimir Su propio carácter sobre Su iglesia.” DA 671.

“Nadie debe desesperarse por las tendencias al mal heredadas, pero cuando el Espíritu de Dios declara culpa de pecado, el malhechor debe arrepentirse, confesar y abandonar al mal. Fieles centinelas están de guardia para dirigir las almas a los caminos correctos.” 6BC 1120.

“Sin el proceso transformador que solo puede venir a través del poder divino, las propensiones originales a pecar quedan en el corazón con toda su fuerza, para forjar nuevas cadenas, para imponer una esclavitud que no puede romperse con ningún poder humano.” Ev 192.

Sin duda todos hemos experimentado el sentimiento de la desesperanza al tratar de romper los patrones de viejos hábitos y actitudes y conductas pecaminosas. Pero ahora debemos acostumbrarnos a comprender y aceptar la necesidad de buscar a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote mientras purifica el Santuario celestial y cooperar con Él mientras obra dentro de nosotros para terminar con el trabajo del pecado que Satanás ha puesto en marcha en nuestras vidas.

“Mientras Cristo esté purificando el Santuario, los adoradores en la Tierra deberían escudriñar cuidadosamente su vida y comparar su carácter con el estándar de la rectitud.” Ev 224.

Para cooperar inteligentemente con Cristo en la remoción de nuestros pecados de los libros celestiales y de nuestras vidas, debemos comprender algunas palabras vitales que nos abren nuevos conceptos en la obra de purificación. La primera palabra que quiero considerar es “carácter”. Explicado simplemente: “Los pensamientos y sentimientos combinados constituyen el carácter moral.” 5T 310. No hay posibilidad de lograr la perfección en nuestra conducta si nuestros pensamientos y sentimientos están contaminados y son impíos. Por favor recuerden que “La santidad es estar de acuerdo con Dios.” (5T 743) y que “Sin santidad nadie verá al Señor.” Hebreos 12:14.

 

Por tanto, es imperativo que cooperemos con Cristo en la purificación y eliminación de nuestros pecados. Esto significa que debemos examinar nuestros corazones y vivir en conexión con Cristo en todo momento, escuchando Su firme vocecita que nos revela lo que sea que vea en nuestros caracteres que deba reprimirse y purificarse. He aquí una lista de algunas citas de la pluma de Elena White que ayudan a aclarar la obra que Cristo está llevando a cabo ahora en el Santuario celestial:

 

“Ángeles de Dios a diario asientan en los libros celestiales una fiel representación del carácter de todo ser humano.” 7BC 987.

“El espíritu, el carácter del hombre, retorna a Dios donde se lo preserva. En la resurrección cada hombre tendrá su propio carácter.” 6BC 1093.

“A través de los defectos en el carácter, Satanás obra para ganar control total de la mente.” GC 489.

“La proclama de Dios se coloca en una escala, el carácter del hombre en la otra… Los hombres son pesados en las balanzas y de son hallados deficientes cuando viven practicando cualquier pecado conocido.” TM 439, 40.

“Pero antes de ese momento (la segunda venida), todo lo que es imperfecto se habrá revisado y se habrá apartado. Toda envidia, celos, sumisión ante el mal y plan egoísta habrá sido desterrado de la vida.” 3 SM 427.

“Los que se aferren a su fe hasta el fin saldrán del horno de las pruebas siete veces purificados… Recuerden que hay Uno observando todo movimiento para ver cuándo la última partícula de escoria se elimina de nuestro carácter.” UL 292.

“Si la mirada está fija sobre Cristo, la obra del Espíritu no cesa hasta que el alma sea conforme a Su imagen.” DA 302.

“Puede tomar tiempo lograr la perfecta sumisión a la voluntad de Dios, pero no podemos detenernos hasta lograrlo y ser aptos para el Cielo.” 3T 538.

¿No es emocionante darse cuenta que todo el dolor y sufrimiento que se originó con Satanás y continuó tanto en el Cielo como en la Tierra por miles de años terminará cuando el pueblo remanente de Dios se rinda ante el proceso de purificación de nuestras mentes y corazones al alcanzar la completa armonía con Dios en todo aspecto de nuestras vidas? Esto es tanto el privilegio como la responsabilidad de la última generación del pueblo de Dios en la Tierra que está llamado a formar parte de los 144.000 que representarán a los santos de todas las épocas. Para que el gran conflicto finalice exitosamente, Cristo debe demostrar que Su sangre y ministerio en el Santuario celestial es suficiente para purificar a Su pueblo de cada aspecto del pecado. Por esto es que los 144.000 son de cada tribu de Israel, con la excepción de Efraín y Dan, quienes perdieron sus lugares por no vencer el pecado en sus vidas. Dan era un murmurador (Génesis 49:17) y la tribu de Efraín se entregó al mundo (Oseas 7). En sus lugares están los nombres de José y Leví (Apocalipsis 7:7, 8).

Los 144.000 son el producto final del plan de salvación. Son la muestra eterna ante el universo que el sacrificio y ministerio de Cristo son suficientes para conquistar toda mentira de Satanás y limpiar todo pecado que ha causado.

¿Cuál es la diferencia entre los 144.000 y los salvos de todas las generaciones anteriores? La respuesta se halla en los misterios del Santuario. La construcción del Santuario revela cómo creó Dios la mente, corazón, alma y espíritu humanos para que fueran un templo donde Su Espíritu pudiese habitar, pues es una réplica de la mente, corazón, alma y espíritu de Dios. Esto no significa que poseemos divinidad en nosotros mismos, sino que fuimos creados por Dios para recibir Sus pensamientos y sentimientos en todo aspecto y que estuviésemos en perfecta armonía y acuerdo con Él. “La santidad es estar de acuerdo con Dios.” (5T 743). El pecado es estar en desacuerdo con Dios. Y Dios dijo: “Sean santos, pues Yo lo soy.” (Levítico 11:44, 45; 1ra. Pedro 1:16, VRS).

El Santuario es un modelo de la perfección y santidad de Dios y es el camino visible de limpieza y restauración del corazón humano de vuelta a estar de acuerdo con Dios para que podamos vivir con Él en Su hogar celestial – el Santuario celestial. Por tanto, la reconstrucción de la humanidad requiere que comprendamos y cooperemos con la obra de Dios en nosotros por medio del entendimiento del Santuario.

 

A continuación está un estudio de la importancia del Santuario en el proceso de purificación y santificación:

“Todos necesitamos tener el asunto del Santuario en mente… Hay un Santuario celestial y… un modelo de este Santuario existió alguna vez en la Tierra. Dios desea que Su pueblo se familiarice con este modelo, manteniendo en sus mentes el Santuario celestial donde Dios es todo y está en todo.” Ltr. 233, 1904.

“Todos necesitamos tener en mente el tema del Santuario… hay un Santuario en el cielo, y… un modelo de ese Santuario se construyó una vez en esta Tierra. El Señor desea que su pueblo se familiarice con ese modelo, teniendo en mente el Santuario celestial donde Dios es todo y está en todo. Debemos mantener nuestra mente vigorizada por la oración y el estudio de la Palabra de Dios, de modo que podamos captar estas verdades.

“El templo de Dios está abierto en el cielo, e inunda su umbral la gloria de Dios destinada a toda iglesia que ame a Dios y guarde sus mandamientos. Necesitamos estudiar, meditar y orar, Tendremos entonces visión espiritual para discernir los atrios interiores del templo celestial.” 6T 368.

“Por medio de las ofrendas y los sacrificios llevados al santuario terrenal, los hijos de Israel habían de compartir los méritos de un Salvador futuro. Y la sabiduría de Dios nos dió los pormenores de esta obra para que, considerándolos, comprendiésemos la obra de Jesús en el santuario celestial.” EW 253.

“Son los que por fe siguen a Jesús en su gran obra de expiación quienes reciben los beneficios de su mediación por ellos, mientras que a los que rechazan la luz que pone a la vista este ministerio no les beneficia.” GC 429, 30.

“Fue Cristo el que planeó el arreglo del primer tabernáculo terrestre. Fue… el arquitecto celestial quien elaboró los planos del edificio sagrado donde Su nombre sería honrado.” COL 349.

“Vi que todo en el Cielo estaba en perfecto orden. El ángel dijo: ‘Contempla y ve cuán perfecto y hermoso es el orden celestial; síguelo.’” EW XXX, XXXI.

“Tú, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados; y midan el diseño de ella. Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles entender el diseño de la casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes; y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todas sus reglas, y las pongan por obra.”

“Esta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, el recinto entero, todo en derredor, será santísimo. He aquí que esta es la ley de la casa.” Ezequiel 43:10-12.

“Los que son aceptados como los últimos miembros de la corte celestial serán hombres y mujeres quienes buscaron llevar a cabo la voluntad del Señor aquí en la Tierra en todo aspecto, quienes buscaron imprimir la huella del Cielo en sus labores terrenales. Para que el tabernáculo terrenal pueda representar el celestial, debe ser perfecto en todas sus partes y debe ser hasta el más mínimo detalle como el modelo del que está en los cielos. Así debe ser con los caracteres de los que sean finalmente aceptados en el Cielo.” IHP 154.

“La visión dada a Isaías (Isaías 6:1-8) representa la condición del pueblo de Dios en los últimos días. Tienen el privilegio de ver por fe la obra que está en marcha en el Santuario celestial.” 4BC 1139.

“Los pecados de Israel deben ir a juicio de antemano. Todo pecado debe confesarse en el Santuario, entonces la obra avanzará, debe hacerse ahora. La lluvia tardía caerá sobre los que sean puros --  entonces todos la recibirán. Solo los que hagan todo lo que puedan recibirán la lluvia tardía.” Boletín GC, 1893, p. 179.

Las anteriores citas revelan claramente que la generación final del pueblo de Dios debe entender el Santuario mejor que cualquier otra generación. Esto es porque la batalla entre el bien y el mal culminará durante la generación final y toda la luz que es necesaria para terminar con la transgresión y finalizar el pecado le será brindada a esa generación ante todo el universo.

“’He aquí que escrito está delante de mí; no callaré, sino que recompensaré, y daré el pago en su seno… por las iniquidades de vuestros padres juntamente, dice el Señor’”. Isaías 65:6, 7.

“Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres; porque contra ti hemos pecado.” Jeremías 14:20.

“Nuestros padres pecaron y ya no están y heredamos sus iniquidades.” Lamentaciones 5:6, 7 (VRS).

 

Cristo le habló a Su generación con respecto a este mismo principio:

“!Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán, para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación. De igual modo, en la generación final este mismo principio de responsabilidad recaerá sobre la Babilonia mística y todos los que se le asocien.” Lucas 11:47-51.

“Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.” Apocalipsis 18:24.

 

Pero en cada época de la historia, Dios tuvo un pueblo que salió victorioso sobre Satanás y las huestes malignas, incluso a costa de sus propias vidas. Esto está demostrado en Hebreos 11, donde muchos de los verdaderos seguidores de Dios, comenzando con Abel, se enumeran entre los campeones de la fe que creyeron en la resolución final de Dios del problema del pecado. La generación final del pueblo de Dios, quienes son el producto final de la obra de Cristo en el Santuario celestial, tienen la dicha y privilegio de cooperar con Él en la culminación del gran conflicto al participar en la limpieza final y la eliminación de todo pecado  en sus vidas. Esto lo vemos en los 144.000, a quienes se describe como “inmaculados” o sin pecados y son ofrecidos a Dios y al Cordero como las primicias de la Tierra (Apocalipsis 14:4, 5), representando el producto final del plan de salvación. Proviniendo de todas las tribus espirituales, cuyos nombres están escritos en las doce puertas de la Nueva Jerusalén, ellos guían la procesión hacia la ciudad de Dios cuando Cristo venga. Sin este producto fina, Satanás podría proclamar que le ganó a Cristo al final del gran conflicto. Pero en los 144.000, como la cosecha de la Tierra, todos los seguidores de Cristo en la historia están representados en estas doce tribus del Israel espiritual. Pablo habla de la necesidad de tener un producto final al final de los tiempos que represente a todos los que vinieron antes que nosotros:

“Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Hebreos 11:39, 40.

 “El Señor Jesucristo es el autor de nuestro ser y también de nuestra redención y todo el que entre al reino de Dios desarrollará un carácter que es la contraparte del carácter de Dios. Nadie puede convivir con Dios en el Cielo santo sino aquellos que son semejantes a Él. Los que serán redimidos serán vencedores; deben ser elevados, puros, uno solo con Cristo.” 6BC 1105.

“Todos los que se entreguen al servicio de Cristo seguirán Su ejemplo y serán perfectos vencedores.” SD 141.

 

¿Cuál es el servicio que la generación final del pueblo de Dios experimentará por toda la raza humana? Creo que es la limpieza de las raíces del pecado que existen en toda persona que nació desde que Adán y Eva pecaron y le transmitieron a su progenie las raíces mentales, emocionales y espirituales de la rebelión y la separación de Dios, lo cual solo una profunda relación amorosa con Él puede sanar.

“El pueblo de Dios debe clamar a Dios, de lo contrario perderán lo alcanzado. Si aprecian los rasgos heredados y cultivados del carácter que no representan a Cristo, mientras profesamente se declaran Sus discípulos, están representados por… las vírgenes imprudentes que no tenían reserva de aceite para sus lámparas. Debemos clamar aquello que Dios pronuncia como la verdad, aunque todo el mundo vaya en su contra.” 4BC 1179.

“Apunten a la perfección y nunca, nunca bajen el estándar de rectitud para adaptarse a las tendencias al mal tanto heredadas como cultivadas… Que seamos santos, como Cristo lo fue siendo humano.” TD 32.

¿Por qué nuestros antepasados que recibieron el mensaje de la pronta venida de Cristo y Su avance del ministerio en el Lugar Santo al Lugar Santísimo en el Santuario celestial no vivieron para ver a Cristo venir en su época? Fue porque no entendían la necesidad de su propia participación con lo que Cristo estaba haciendo en el Lugar Santísimo.

 

“Pero el pueblo no estaba listo todavía para encontrarse con su Señor. Todavía había que completarse una obra de preparación para ellos. Se debía dar luz, para dirigir sus mentes al templo de Dios en el Cielo y mientras debían seguir a su Sumo Sacerdote en Su ministerio allí, nuevos deberes serían revelados. Otro mensaje de advertencia e instrucción debía dársele a la iglesia. (Cita de Malaquías 3:2, 3).” Los que estén vivos en la Tierra cuando la intercesión de Cristo culmine en el Santuario celestial, deben comparecer ante la mirada de Dios sin un mediador. Sus túnicas deben ser inmaculadas, sus caracteres debe estar purificados por la sangre rociada. A través de la gracia de Dios y su propio esfuerzo diligente, deben ser conquistadores en la batalla contra el mal. Mientras el juicio investigativo avance en el Cielo, mientras los pecados de los creyentes penitentes estén siendo removidos del Santuario, debe haber una obra especial de purificación y de apartar el pecado entre el pueblo de Dios. Esta obra se presenta con mayor claridad en los mensajes de Apocalipsis 14.

“Cuando esta obra se haya completado, los seguidores de Cristo estarán listos para Su aparición.” GC 424, 5.

Está claro que toda persona que reciba el sello de Dios habrá participado activa y conscientemente con Cristo en la purificación de sus vidas de cada pecado que esté registrado en los libros celestiales. Esto incluye no solo los pecados conocidos, sino sus propias raíces que están en el subconsciente, las cuales son reveladas por el Espíritu Santo a medida que el pecador participe en la obra purificadora de Cristo.

“¿Cuál es el sello del Dios viviente que se coloca en las frentes de Su pueblo? Es una marca la cual los ángeles, no los ojos humanos, pueden leer, para que el ángel destructor  vea esta marca de redención… el pecado de transgredir de la ley de Dios se eliminará. Tienen el ornato de boda y son obedientes y fieles a todos los mandatos de Dios.

“Los israelitas colocaron sobre sus puertas una señal de sangre para demostrar que eran propiedad de Dios. Así, los hijos de Dios en esta era exhibirán la señal que Dios ha convenido. Estarán en armonía con la santa ley de Dios. Una marca se colocará sobre cada uno de los miembros del pueblo de Dios del mismo modo en que se colocaba una marca sobre las puertas de las moradas hebreas, para preservar al pueblo de la ruina general. Dios declara: ‘Les di Mis Sábados para que fuesen una señal entre ellos y Yo, para que supieran que Soy el Señor que los santifica…’”

“Todos los que estiman al Señor como su porción en esta vida, permanecerán bajo su dominio y recibirán la señal, la marca de Dios, que los distingue como su posesión especial. La justicia de Cristo los precederá y la gloria del Señor será su retaguardia. El Señor protege a cada ser humano que lleva su señal.” 7BC 969.

 

Desafortunadamente, mucha gente cree que mientras vivan una buena vida acorde a su habilidad y guarden el Sábado como séptimo día, serán sellados cuando el sellado ocurra al final de los tiempos. Pero estar preparados para recibir el sello de Dios significa mucho más que esto. Cuando se coloca sobre nuestra frente, el sello de Dios representará que nuestra mente está ahora en completa armonía con Dios en todo, de la misma forma que Cristo estaba en completa armonía con Su Padre en todo. El sello del Sábado significa que somos el producto final del plan de salvación, al igual que el primer Sábado al final de la semana de la creación significó que la creación de Dios tanto del mundo como de Adán y Eva estaba terminada y era perfecta. También refleja el descanso de Cristo en el sepulcro el Sábado después de culminar Su obra perfecta de redención de la humanidad. Por tanto podemos estar seguros que el sello de Dios nunca será colocado sobre la frente de ningún hombre, mujer o niño que no sea el producto final de la culminación de la obra de Cristo en el Lugar Santísimo, donde está eliminando el registro del pecado, tanto en los libros celestiales como en las vidas de Su pueblo, por esto es que se dice que los 144.000 que recibirán el sello de Dios al final de los tiempos son inmaculados (Apocalipsis 14:5).

“Satanás… cayó por la misma razón que miles están cayendo hoy en día, por una ambición de ser primeros, por una indisposición a moderarse. El Señor le enseñará al hombre la lección que, aunque unido en la capacidad de la iglesia, no se salvará hasta que el sello de Dios se le coloque…”

“El Señor tiene un trabajo para todos nosotros y si la verdad no está arraigada en el corazón, si los rasgos naturales del carácter no son transformados por el Espíritu Santo, nunca podremos ser colaboradores con Jesucristo. El propio ser aparecerá constantemente y el carácter de Cristo no se manifestará en nuestras vidas…”

“Dios puede usar a los agentes humanos al grado que serán trabajados por el Espíritu Santo… Dios probará a cada hombre que entre a Su servicio. No pregunta ‘¿Poseen el aprendizaje y la elocuencia? ¿Tienen la habilidad de mandar, controlar y administrar?’ Él pregunta: ‘¿Representarán Mi carácter? ¿Caminarán humildemente para poder enseñarles Mi camino?’ El templo del alma no debe contaminare con ninguna práctica relajada o impía. A los que reconozca en las cortes celestiales, no deben tener ni manchas ni arrugas.” 7BC 969.

 

“El sello del Dios viviente debe colocarse solo sobre los que exhiban una semejanza al carácter de Cristo… Al igual que la cera adquiere la forma del sello, así mismo el alma debe tomar la forma del Espíritu de Dios y retener la imagen de Cristo…”

“Debemos mirar a Cristo Jesús el hombre, que está completo en la perfección de la rectitud y santidad. Es el autor y artífice de nuestra fe. Es el hombre modelo. Su experiencia es la medida de la experiencia que debemos ganar. Su carácter es nuestro modelo. Saquemos entonces a nuestras mentes de las perplejidades y dificultades de esta vida y ajustémoslas con Él, para que contemplando podamos ser moldeados a Su semejanza. Podemos contemplar a Cristo para buen propósito. Podemos buscarlo seguramente, pues es pura sabiduría. Cuando Lo buscamos y pensamos en Él, Él se formará en nuestro interior, es la esperanzan de la gloria.”

“Prosperemos con todo el poder que Dios nos dio para formar parte de los ciento cuarenta y cuatro mil.” 7BC 970.

“No podemos sobreestimar el valor de la fe simple y la obediencia incuestionable. Es al seguir el camino de la obediencia en la fe simple que el carácter obtiene la perfección.” 4BC 1137.

“Los que resisten en cada punto, que soportan cada prueba y vencen, a cualquier precio que sea, han escuchado el consejo del Testigo Fiel y recibirán la lluvia tardía, y estarán preparados para la traslación.” 1T 187.

“¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de (la, VRS) gran rebelión.” Salmos 19:12, 13.

“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.” 2da. Pedro 3:13, 14.

 

En el pasado, Dios solo le pedía a la gente que estuviese en armonía con Él respecto a los pecados conocidos y conscientes, pero cuando pasó al Lugar Santísimo en 18444, abrió todos los pecados que estaban registrados allí, conscientes o no. Así mismo también permitió que el conocimiento científico se incrementara para que la humanidad pudiese entender los niveles de la mente donde residen las raíces del pecado. Pablo habla de esto en 1ra. Corintios 4:3-5:

“Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.”

.“Pablo se refiere al tiempo convenido por Dios para el juicio.” 6BC 682. (Ver Daniel 8:14-19).

“Dios entiende cada motivo (inclinación, disposición, deseo, mente, motivación)* detrás de los pensamientos.” 1ra. Crónicas 28:9. *Concordancia de la NVI.

“Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus.” Proverbios 16:2.

“Todo acto se juzga por los motivos que lo propiciaron.” COL 316.

“Los motivos y propósitos secretos aparecen en el registro fiel, pues Dios ‘iluminará las cosas ocultas de la oscuridad y pondrá de manifiesto los consejos de los corazones.’” GC 481.

 

Lo que decimos aquí es que cuando Cristo pasó al Lugar Santísimo en 1844 para purificar el Santuario a través de una obra de juicio, no era una obra que se mantendría en secreto hasta que el juicio terminara y se tomaran las decisiones, para revelarse solo luego del cierre de gracia cuando sería demasiado tarde para cambiar. Cristo es un revelador de secretos y quiere que atravesemos el juicio al mostrarnos lo que ve escrito en los libros celestiales mientras aún hay tiempo para arrepentirse y purificarse. Las escrituras están llenas de instrucciones que nos revelan la necesidad de cooperar con Cristo para tener un carácter perfeccionado cuando Él venga. Por ejemplo:

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.” 1ra. Juan 3:2, 3.

 “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.” 1ra. Corintios 11:31, 32.

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” 2da. Corintios 7:1.

“La obra de la examinación del carácter, de determinar quién está preparado para el reino de Dios, es la obra del juicio investigador, la obra culminante en el Santuario celestial.” GC 428.

“Así como Cristo fue glorificado en el día del Pentecostés, así lo será de nuevo en la obra culminante del evangelio cuando prepare a un pueblo para resistir la prueba en el cierre del gran conflicto.” 7BC 983.

 

Dios espera que seamos partícipes en esta obra de juicio:

“Escuché y oí; no hablan rectamente, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho?’” Jeremías 8:6.

“Para estar conformes con nosotros mismos, es esencial que investiguemos fielmente los motivos y principios de nuestra conducta, comparando nuestras acciones con el estándar del deber revelado en la palabra de Dios.” 2T 517, 18.

“Todo seguidor de Cristo debería examinarse a diario, para que pueda estar perfectamente conforme con su propia conducta. Hay casi todos nosotros una falta de auto examen…”

 

“Muchos ven y sienten su falta, aun así parecen ignorar la influencia que tienen. Son conscientes de sus acciones mientras las llevan a cabo, pero las dejan pasar de su recuerdo y por ende, no se reforman. Si los ministros hiciesen de las acciones diarias un tópico de cuidadosa consideración y deliberada revisión, con el objeto de darnos cuenta de nuestros propios hábito de vida, se conocerían mejor a sí mismos. Por medio de un minucioso escrutinio de su vida diaria bajo toda circunstancia, conocerían sus propios motivos, los principios que los auspician. Esta revisión diaria de nuestros actos, para ver si la consciencia los aprueba o desaprueba, es necesaria para todos los que deseen arribar a la perfección del carácter de Cristo.” 2T 511, 12.

Está claro en estos textos y citas que la limpieza y purificación de nuestras vidas requiere de nuestra cooperación. Cristo, a través del Espíritu Santo, hace esta obra de purificación, pero no sin nuestra participación consciente y voluntaria con Él en esto. ¿Y cuál es el objetivo y propósito de nuestra cooperación en la purificación que Cristo está llevando a cabo? Es para ponernos en armonía y de acuerdo con Sus pensamientos y sentimientos en todo aspecto de nuestras vidas.

¿Cómo se contaminaron nuestras mentes con los pensamientos y sentimientos del maligno? Como ya hemos señalado, nuestros pensamientos, sentimientos y tendencias al pecado provienen tanto de nuestra herencia como de nuestro propio cultivo durante toda nuestra vida. Pero todo esto puede ser purificado mediante una continua y creciente relación con Cristo, quien nos da el poder de Su Santo Espíritu para permitirnos vencer al diablo en nuestras vidas y entronizarlo solo a Él en nuestros corazones. Para que lleguemos a esta condición, debemos estar dispuestos a abandonar todo lo que esté en armonía con la mente y los principios del diablo, porque cualquier acuerdo que tengamos con él le abre un camino a nuestros corazones y le permite influenciarnos y hasta controlarnos. Los que sean sellados y estén listos para la venida de Cristo serán aquellos que lucharon con sus pensamientos, comportamientos y tendencias al pecado y las vencieron con el poder de nuestro maravilloso Salvador.

 

Cristo dijo:

“Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?... Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.” Mateo 12:25-28.

“Es por el Espíritu que el corazón es purificado. A través del Espíritu el creyente se hace partícipe de la naturaleza divina. Cristo dio Su Espíritu como poder divino para vencer toda tendencia al mal tanto heredada como cultivada y para replicar Su propio carácter sobre Su iglesia.” DA 671.

“Cristo no desea nada más que redimir a Su pueblo del dominio de Satanás. Pero antes que seamos libres del poder de Satanás externamente, debemos serlo internamente.” COL 174, 5.

“El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, los tres santos dignatarios del Cielo declararon que fortalecerán a los hombres para vencer los poderes de las tinieblas. Todas las instalaciones del Cielo están abiertas a los que con sus votos bautismales entablaron una alianza con Dios.” 5BC 1110.

“El príncipe del poder del mal solo puede ser mantenido a raya con el poder de Dios en la tercera persona de la Trinidad – el Espíritu Santo.” Ev 617.

Es la obra de Cristo en el Santuario celestial revelarnos cualquier cosa en nuestros caracteres que no esté en armonía con Él mismo, para que el Espíritu Santo pueda habitar por completo en nuestras vidas. Por esto es que debemos tener una conexión diaria momento a momento con Cristo para que pueda revelarnos esas cosas que están en disonancia con Él. La lluvia tardía no puede caer sobre ningún corazón que no esté libre de todo aspecto del pecado. Cuando la lluvia temprana cayó sobre los discípulos en el Pentecostés, todavía tenían áreas desconocidas en sus vidas donde Satanás podía tentarlos. Pero cuando Cristo termine Su obra de limpieza y eliminación del pecado en el Lugar Santísimo del Santuario celestial, no habrá pecado alguno que quede en los corazones y vidas de los que participen por completo con Él en ese trabajo.

 

Pero nadie debe temer que no podrá mantenerse al nivel de limpieza que se requiere, pues Cristo nunca abandona a ninguna alma verdaderamente honesta que esté dispuesta a cooperar con Él en Su obra en sus vidas. Incluso el santo más débil que Lo obedezca y mantenga su fe firme hasta el final se convertirá en un producto final en las manos de nuestro amoroso Salvador.

“La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio (el juicio, VRS).” Mateo 12:20.

“Satanás no tiene poder sobre el alma que camina con Dios con mente humilde.” MLT 316.

Estimados, Satanás ha tenido acceso a cada persona en esta Tierra desde el momento en que Adán y Eva pecaron y en cualquier área de nuestras vidas que estemos de acuerdo con sus principios, pensamientos y sentimientos, todavía tiene acceso a nuestros corazones y mentes. Pero Cristo quiere revelarnos todas estas áreas y mientras nos arrepentimos y somos purificados y alcanzamos la armonía y acuerdo total con Dios en todo aspecto, seremos sellados y llenados con el poder de la lluvia tardía del Espíritu Santo. Qué bendito privilegio tenemos ahora al participar con Cristo en la culminación del gran conflicto en este mundo y en el universo al permitirle revelarnos todos nuestros pecados y eliminarlos para siempre. Así, la gran guerra entre Cristo y Satanás terminará y podremos así estar eternamente con el Señor.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” 1ra. Tesalonicenses 4:15-18.

 

Artículo por Carol Zarska, MAR, Escritora.